Resistencias: pensar el Caribe en su relación con los Estados Unidos durante los últimos ochenta años La historia de las relaciones cruzadas entre los Estados Unidos y el Caribe constituyeron el centro de los debates y actividades del pasado Ciclo de Pensamiento Social Caribeño. Casi un año después, en julio de 2019, el pueblo boricua salió a las calles durante días para exigir la renuncia del gobernador Ricardo Roselló de modo similar a las protestas multitudinarias contra las prácticas militares y la presencia de la marina estadunidense en Vieques. Así se reactivó en Puerto Rico, una vez más, la historia de resistencia desde su condición colonial postergada y sostenida hasta día de hoy. Este año hemos decidido volver a colocar en nuestro punto focal el lugar del Caribe en la reconfiguración de las relaciones geopolíticas, pero para esta ocasión durante la contemporaneidad, en el Ciclo de Pensamiento Social Caribeño “Cultura de resistencia ante la hegemonía estadunidense en el Caribe: tradición y posibilidades emancipatorias”. Desde el punto de vista temporal, la Segunda Guerra Mundial fue el elemento fundamental que cambió la correlación de fuerzas entre las metrópolis que dominaban el mundo, momento a partir del cual los Estados Unidos quedaron como centro de uno de los dos grandes polos de lo que no mucho más tarde fue la política de Guerra Fría. En función de ello, las maniobras de intervención, expoliación y dominación que sobre el Caribe había venido desarrollando con mucha fuerza durante la primera mitad del siglo XX, cobraron importancia cardinal para la defensa de su territorio y de sus posesiones, así como para el desarrollo de su política exterior imperialista y de su economía de carácter global. Pocos años antes del fin de la contienda bélica, en 1940, el país norteño instaló una base de prácticas militares en la pequeña isla de Vieques, que mantuvo hasta 2003 y cuyo impacto medioambiental y para la salud de sus habitantes sige movilizando acciones de activismo político, social y cultural. De ahí en adelante ha tenido lugar un proceso expansivo de dominación regional en el que confluyen diferentes estrategias más o menos visibles que, a su vez, han generado diversos modos de resistencias. En 1959, tras el triunfo de la Revolución Cubana y la consolidación de las aspiraciones independentistas de algunos países caribeños y latinoamericanos, se reforzó la política de ocupación e intervención militar que dio lugar a un sinnúmero de acciones de esta índole y de complejos, violentos y traumáticos procesos que hoy intentamos reconstruir desde las prácticas de la memoria y el pensamiento crítico. Nuestro interés se vuelca hacia momentos reconocidos dentro de estos procesos de resistencia, pero también, hacia esas pequeñas acciones cotidianas que refuerzan las negociaciones de la hegemonía en ambas direcciones. Quizás por eso resulta tan sugerente la imagen que el diseñador Pepe Menéndez ha creado para la ocasión. Ante la comodidad aparente de un butacón, aparece minúscula la presencia persistente de una pequeña tachuela. Esta acción de incomodar al que llega, de hacerle poco fácil el establecimiento a partir de una acción tan sutil se emparenta, desde el choteo y la broma también carácterísticos de nuestra región, con aquellas estrategias que desde el accionar diario conforman la cultura de resistencia caribeña. Esta insistencia con que nuestras naciones han participado de la construcción y negociación hegemónica del poder con los Estados Unidos, hace posible su análisis desde diversas perspectivas y campos de acción. A partir de estas coordenadas estaremos compartiendo de manera virtual con académicos y activistas de Cuba, Haití y Puerto Rico sobre algunos de los momentos más significativos en este camino-proceso que tiene como actores fundamentales a la cultura, las prácticas de rebeldía cotidiana y los movimientos sociales. Analizar, revisitar y repensar la cultura de resistencia como un proceso clave de nuestra región, permite vislumbrar las tradiciones que la han conformado, así como los nuevos caminos y posibilidades desde los cuales puede erigirse como paradigma emancipador.