Sin embargo, quizás lo más
importante para mí es su naturaleza de alegato
político de todo altar, la manera en que deviene
puente entre la individualidad y el cosmos, su función
misma como reconstrucción de mundo y a la vez
como testimonio de una identidad que trabaja por exorcizar
lo terrible. Confieso que veo en Visiones…
una obra sobre el valor y el sentido del arte, sobre
la responsabilidad del intelectual con la belleza y
con la poesía. Sobre el poder del arte para replantearse
el mundo y salvar al hombre de su enclaustramiento,
de sus limitaciones, de la miseria. Creencia en el arte,
responsabilidad, compromiso cívico y profundo
rigor artístico sostienen esta propuesta de la
cual escojo la imagen final, ese momento en que Lorelis
Amores, Eduardo Martínez y Mariela Brito –cual
los tres Juanes de la Caridad, los actores que hoy son,
junto a Nelda Castillo, El Ciervo Encantado- saludan
al público, mientras la música de fondo
repite una y otra vez: “mi soledad”. Soledad
del hombre ante los imponderables de la existencia,
del artista ante su obra que sabe espejo y biografía,
del espectador ante un espectáculo que más
que certeza es tempestuosa interrogante, encrucijada,
enigma.
Jaime Gómez Triana: Hacia un teatro soñado:
diez años de visiones tras el Ciervo Encantado,
Tablas # 1, enero-marzo, 2006.
Visiones de la Cubanosofía cuenta la
historia de un padecimiento sin resolver, individuos
sin posibilidad de integrarse, comportamientos inmovilizados
en sí mismos, áreas despobladas y sin
posibilidad de integración. Endémicos
y en peligro de extinción. Un teatro que deja
atrás el posible diálogo y la relación
entre los personajes como principios de su organización.
La utopía y la deshonra. La sabiduría
y apropiación. La belleza y la guerra. Las fuerzas
en oposición o contradicción se superponen,
“se agolpan unas a otras y por eso no me matan”,
como dice la canción.
Nara Mansur: Una lección de Cubanosofía,
Tablas # 1, enero-marzo, 2006.
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