Cartas de Chimbote
Elenco
Actuación: Ana Correa, Augusto Casafranca, Débora Correa, Julián Vargas, Rebeca Ralli y Teresa Ralli.
Concepto y Dirección: Miguel Rubio Zapata.
Coordinación Técnica y Diseño de Luces: Mariano Márquez
(…) la última creación colectiva de Yuyachkani, convoca a Arguedas y lo incorpora a la escena: el montaje –austero y riguroso, pero también intensamente expresivo y sugerente– evoca al autor dándoles cuerpo a su palabra y sus conflictos a través de las presencias de los actores. De esa manera, el grupo le rinde homenaje al escritor y al hombre.
En Cartas de Chimbote, los actores de Yuyachkani citan a Arguedas y, al mismo tiempo, se dan cita con él. La puesta es, así, un encuentro con la voz y la escritura de quien se llamó a sí mismo “un demonio feliz, que habla en castellano y en indio”. Los cantos en quechua que entonó el escritor y las palabras de su puño y letra hacen acto de presencia en el escenario, por obra y gracia del conjuro teatral. La comunicación epistolar con la sicoanalista Lola Hoffmann y el antropólogo rumano John Murra, así como los diarios y la ficción de El zorro de arriba y el zorro de abajo, aportan la palabra del autor: es ella un llamado que pide respuesta, una confesión que interpela y conmueve.
El montaje de Yuyachkani no es el eco, la mera reproducción de los signos que usó Arguedas ya al filo de su abismo, sino la evidencia de que su mensaje es parte aún de un diálogo fecundo y necesario sobre la necesidad de crear y la dificultad de vivir en el Perú.
Al comenzar la obra, no son personajes encarnados por los actores quienes se presentan: son los actores mismos, cada uno con su propia historia de un coloquio de décadas con el autor de El zorro de arriba y el zorro de abajo, quienes hablan sobre aquel a quien está dedicada la obra. En un primer bosquejo, el espectáculo iba a ser una conferencia a la que interrumpían, enriqueciéndola, las presencias del escritor y su obra. Otras escrituras en la escena, laboriosa e intensamente realizadas a lo largo de cuatro años, dejan sus trazos e impregnan con su energía la versión que llega por último a los espectadores: en lo que se ve y escucha durante Cartas de Chimbote reverberan las imágenes y resuenan los ecos de esa larga travesía hacia un montaje que le hace justicia a José María Arguedas en su hora más difícil y en su libro más visceral.