Del 12 al 15 de noviembre 2002
 
 
 
 
 
SOBRE SU OBRA
 
 

"Hay en Lumpérica, la primera novela de Diamela Eltit, una escena particularmente inquietante. En ella, la protagonista, L. Iluminada, estrella su cabeza contra un árbol, y luego ' va hacia el centro de la plaza con la frente dañada -sus pensamientos- se muestra en el goce de su propia herida, la indaga con sus uñas...'
Esta última frase se vincula con la escritura de Eltit en ese gesto que hace imposible la cicatrización; sus textos son como esas uñas que indagan en una herida que nos pertenece a todos. Cada párrafo, cada línea actúan como una incisión sobre los olvidos privados y sociales, como un tajo sobre el que se volverá una y otra mmmmmmmmmmvez. Esa herida es la zona en la que nace la palabra escrita"

Sandra Lorenzano,¨Cicatrices de la fuga¨

 

Por la Patria rescata las zonas desplazadas del ser latinoamericano y configura un perfil de una época acosada por el signo violento de lo marginal.
Coya, personaje reducto de una historia mestiza y convulsa, se convierte en el centro de una memoria que apunta a los nudos familiares, mediante sucesivas visiones de un ser victimado por el poder.
Coya, deviene en Coa en una aguda polifonía donde el relato emerge como la gran ópera del lenguaje patrio.

(de la nota de contraportada)

 

Conforme a la tesis de la autora de que "el cuerpo es un territorio moral donde ensayan su eficacia o su fracaso los sistemas de poder", y que incluye desde la genitalidad al erotismo, el mundo del trabajo, la familia, etc., en esta novela toda las situaciones poseen un "énfasis corporal" obsesivo. Un embrión habla desde el vientre materno de cómo fue gestado, de la génesis de su hermana melliza y de las vidas de los padres. Esta ficción - anotó en su oportunidad el crítico Ignacio Valente - , la del "feto consciente y pensante" , "permite una lúcida ojeada a los sentimientos más ocultos de la maternidad, de la existencia sexuada y de la femineidad"; y su incursión - como observa Eugenia Brito, otra analista de su obra- en el incesto, que en la novela aparece movilizando múltiples significados. Se trata no sólo de la aceptación genital, "extraer del otro el sentido que le permite afirmar su yo en el mundo", sino, más allá de ello, según sostiene Diamela Eltil, instalar a la pareja "en sistuación intrauterina, es decir, constituida desde siempre, con su juego de identidades, ambigüedades y culpas".

(de la nota de contraportada)

 

"El gesto de la aproximación al cuerpo y al hermetismo de la lengua del loco había sido decisivo en ese insólito testimonio que es El Padre Mío, testimonio -es un decir- contado en primera persona por un loco indigente, grabado y -en el quiebre de su palabra- transcrito por Eltit. En el prólogo a ese hermoso libro dedicado, como El infarto del alma, a 'descifrar [la] dolorosa y definitiva verdad' del loco, Eltit señala lo siguiente: 'El Padre Mío era diferente. Su vertiginosa circular presencia lingüística no tenía principio ni fin. El barroco se había implantado en su lengua móvil haciéndola estallar'. El encuentro con el loco posibilita 'el relato del relato' de la literatura, sugiere Eltit. Es decir, inscribe una fábula de su origen, la ficcionalización de aquello que ha hecho posible la inscripción de su letra, el relato de la ley alternativa del lenguaje también estallado y quebrado de la literatura. 'Hoy recuedo que pensé', dice Eltit, que la lengua rota del loco 'es literatura, es como literatura'.

Julio Ramos, ¨Dispositivos del amor y la locura¨



"En Vaca sagrada, se representa un cuerpo aparentemente vaciado de toda referencia, puro espectáculo. A través del deambular de la protagonista narradora por una ciudad hostil, y por medio de sus encuentros equívocos con una serie de cuerpos seudoajenos, la autora fabrica la 'ilusión de una trama verdadera'. Una patología de la cotidianidad caracteriza el cuerpo femenino marcado por alguna forma de desplazamiento (desmembramiento, desintegración), de ausencia o carencia (imperfección, hambre, enfermedad, desempleo, soledad, herida) y de exceso, de sobra (tatuaje, maquillaje, abuso, golpe, vicio, mentira, lenguaje). La analogía con el cuerpo urbano condensa el malestar y el posicionamiento ambiguo y perverso del sujeto enunciador.

"Diamela Eltit considera el cuerpo (sobre todo el cuerpo tentado o marcado por el nomadismo) como 'uno de los territorios más ideologizados por la cultura'. El cuerpo es uno de los lugares por excelencia donde se negocia el espectáculo de la realidad [...]olpe, vicio, mentira, lenguaje). La analogía con el cuerpo urbano condensa el malestar y el posicionamiento ambiguo y perverso del sujeto enunciador."

Claudine Potvin, ¨Nomadismo y conjetura: utopías y mentira en Vaca sagrada¨

 

"¿De dónde vuelve Diamela Eltit? Me refiero en parte a El infarto del alma, un libro, un acontecimiento notable producido por Eltit en colaboración con la fotógrafa chilena Paz Errázuriz, publicado en 1994 por ese excéntrico y arriesgado editor Francisco Zegers, y armado a partir del frágil diálogo entre las palabras de la escritora y los encuadres fotográficos de los rostros de la locura. Libro insólito que por su tamaño y sobre todo por la conmoción que genera al leerlo resulta difícil de manejar y casi imposible de colocar en los lugares previstos, en los estantes clasificatorios de nuestras bibliotecas universitarias. ¿Cómo leerlo, pues, sin colocarlo bien?

"El infarto del alma documenta el viaje de la fotógrafa y la escritora al hospital psiquiátrico de Putaendo, a las afueras de Santiago de Chile, hospital estatal para locos indigentes, donde entre los estragos más extremos de la miseria, entre los muros del poder en su ejercicio de la dominación casi absoluta y despojada de mediaciones, las viajeras son testigos del amor entre los locos, la proliferación insólita de parejas de locos enamorados. Extrañas parejas, dispositivos del amor, cuyas articulaciones trabajan a veces las formas y las existencias más diversas -por la edad, la raza, el tamaño o procedencia- produciendo junturas, alianzas, en los lugares más inesperados, y sin responder -pareciera- a ningún principio regulador, a ningún interdicto que no sea el de los cuerpos que en el cuerpo de los otros encuentran las formas más básicas e irreductibles de la alianza y la solidaridad. Hombres y mujeres: parejas, al fin y al cabo; hombres y mujeres cuyas alianzas confirmarían también la fuerza irreductible de la solidaridad, de la resistencia, incluso bajo las condiciones más extremas, en ese espacio del sometimiento y la dominación casi absoluta. Hombres y mujeres" [...]

Julio Ramos, "Dispositivos del amor y la locura"




"En un lenguaje superabundante, densamente entretejido, poético a la vez que descarnado, creador de un mundo ficticio pero, en sí, verosímil, cuyo único referente externo es el conflicto de una pareja por la educación y tutela del hijo, nos entrega Diamela una novela de contrapuntos, construida desde una poética del espacio

-cuerpo, casa, calle y vecinos, ciudad, occidente, mundo-, el que se cierra en círculos concéntricos que van, de fuera hacia dentro, desde un Mundo mutilado, inhabitable, por la ingratitud y perfección inherentes a la especie humana, a un Occidente -¿Hispanoamérica?- cuya fachada, orden y destino no resuelve sus contradicciones internas de riqueza y miseria, de sometimiento y libertad, a una Calle con Vecinos arrogantes a la vez que inseguros por temor a perder el poder alcanzado, a la Casa -refugio y fortaleza- en la que habitan madre e hijo, hasta quedar en el último círculo, reducidos al espacio de su propia corporeidad -calavera, hombro, hambre, fémur, sílaba, cadera, piel.
"

José Luis Samaniego, en la entrega del Premio José Nuez a Diamela Eltit



" En Los trabajadores de la muerte Diamela Eltit trae los cuerpos y las voces de sujetos populares al espacio de la novela para desafiar el concepto de «mercado» neoliberal. Para mostrar la agresión contra los sujetos subalternos que compiten por un espacio propio, Eltit parte del mito y del folklore, de los desechos y desperdicios urbanos y de las imágenes de violencia ejercidas sobre los cuerpos femeninos. En la novela los sujetos subalternos son definidos, principalmente, por su deseo de narrar. Esta situación le permite a Eltit cuestionar la forma de engendrar historias o cuentos; se destaca entonces la búsqueda del poder narrativo de parte de los personajes, ejercicio que consiste en fijar un lugar y un nombre dentro de la historia. Los pobres y los abandonados, entonces, evocan una amplia gama de experiencias artísticas, dirigen su fuerza para transformar las reglas del lenguaje e imponer su voz en el mundo. Estas figuras menores, en última instancia, constituyen las guías principales de una ley narrativa que llegará a exponer la ficción del mercado [...]
"Al igual que las leyendas y los mitos clásicos, Los trabajadores de la muerte está motivada por un enigma que requiere la elaboración de una historia. El enigma, por supuesto, encuentra su articulación en el poder de los sujetos populares y la resistente cultura de las calles; sirve como una forma de ímpetu de la narración mientras inaugura un campo creativo. Este enigma, pues, requiere una resemantización de la esfera pública, obligándonos a pensar en los espacios donde se encuentran los ciudadanos y los subalternos; este enigma nos insta a trazar el cruce donde nacen lo estético y lo político, el sitio para la revisión de la historia."

Francine Masiello,¨Los trabajadores de la muerte: estética y mercado¨


 

La estética de la novela Mano de obra se preocupa de construir un mundo alucinante, cuyos materiales apuntan a un sitio de nadie, con personajes cautivos en una agobiante mecánica de sobrevivencia y de horror. Allí estalla la violencia como sitio programático de la degradación humana hasta convertir los cuerpos en zonas residuales.
Mano de obra es una aguda revisión del proyecto cultural de la aldeal global en tanto escenificación de las maniobras de los sistemas dominantes, depositadas en el supermercado posmoderno, que se erige como un museo que exhibe de manera mmmmmmmmmmexuberante la nueva alienante condición social.

(de la nota de contraportada)