Centrada desde muy pronto, especialmente a través de la obra de Juan Ramón Jiménez, por una serena certidumbre de poesía, va pasando con silenciosa naturalidad del impresionismo adolescente a la conquista espiritual de un reino cada vez más vasto. En términos esenciales podemos decir que su intención expresiva se dirige de la intimidad del alma a la objetividad del espíritu, pero en ese tránsito es atraída por el sentido de la Pasión, del espíritu encarnado. Así su poesía, si atentamente la seguimos en todos sus hallazgos y vicisitudes, avanza rectificándose con graciosa necesidad hacia la contemplación anhelante de los misterios cristianos.
Cintio Vitier: Diez poetas cubanos

Una frontera muy sutil separa la literatura de ese otro orden del espíritu donde, sin enterarse mucho de sí mismos, el arte y el ser se confunden. Por él se ha movido siempre Fina García Marruz, tal como avanzaba por la feria la joven de la balada irlandesa, cuyo simple paso iba orientándolo todo a la poesía. Desde niña, y sin que ella o los demás pudieran remediarlo, comenzó a irradiar su extraña luz sobre el contorno, convirtiendo a sus tías en las conmovedoras criaturas que pueden verse en las miradas perdidas, y en los barrios, parques y niños más de veras que haya nadie soñado nunca. […] En este libro [Visitaciones], escrito en el idioma que Fina García Marruz pide para sí –«quiero escribir con el silencio vivo»–, se encuentran algunos de los poemas de más apasionada belleza que se hayan compuesto en lengua española desde que asomó el mil novecientos.
Eliseo Diego, solapa de Visitaciones

Fina García Marruz, recogida, envuelta en su propia alma, realiza esa hazaña que es escribir sin romper el silencio, la quietud profunda del ser. Por donde cabe esperar de ella algo que ya ha hecho en la «Transfiguración de Jesús en el Monte», pero también más: una palabra sola, única.
María Zambrano: La Cuba secreta

Su poesía, salvado el instante juanramoniano de su libro inicial, está integrada por tres temas [que señalaba Vitier]: «la intimidad de los recuerdos, el sabor de lo cubano, los misterios católicos». Su obra se sitúa cerca de la de Diego, aunque poseyendo siempre caracteres propios, de delicadeza y ternura, que mantienen un suave aliento femenino en sus poemas. En grado quizá mayor que la del propio autor de En la Calzada de Jesús del Monte, se ofrece enteramente distante de toda oscuridad, con una sencillez formal y una claridad expositiva que permiten ver, con nitidez, las preocupaciones centrales de estos poetas.
Tales preocupaciones, que aparecen con relativa fosquedad en las obras de Vitier o Smith, se traslucen en la palabra humilde, suave y siempre hermosa (a despecho del voluntario descuido formal) de esta poetisa.
Roberto Fernández Retamar: La poesía contemporánea
en Cuba (1927-1953)


[A Fina] siempre nos gusta recordarla a través de los versos que escribiera en su poema «Teresa y Teresita»: «Ama su vida ordinaria, su participación en lo común, como el más levantado misterio».
Jorge Luis Arcos: Prólogo a Antología poética

Fina García Marruz es de las pocas escritoras nuestras –y nadie imagine que el uso del femenino excluye a los autores y la compara solo con las mujeres del oficio– que posee una poética explícita y que se ha adentrado en consideraciones de una avasalladora profundidad, hondura real, nada de palabrerías huecas y carentes de vida interior […]. Su pensamiento se inscribe de hecho en un realismo trascendentalista, de suma importancia en la concepción de la poesía que trajo el grupo Orígenes a la cultura cubana. El hallazgo de lo permanente en lo perecedero, en lo que el tiempo transforma y deshace, nutre su obra de un lirismo del más alto linaje sin desentenderse nunca de la cualidad material, inmanente, de la realidad toda, sin dualismos empobrecedores e infructíferos.
Enrique Saínz: Una mirada a la poesía de Fina García Marruz