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El mismo año en que aparecería la novela que lo consagraría mundialmente, El gran arte (1983), Fonseca participó por primera vez como jurado de nuestro Premio Literario. Lo acompañaban, entre otros, Nélida Piñón y Antonio Torres. Doce años después –ahora junto a Patrícia Melo, Marlyse Meyer y Zuenir Ventura- volvería a integrarlo. En esta ocasión, el 12 de enero de 1995, pronunció las palabras de constitución del jurado, que a continuación reproducimos:

Nosotros, los jurados extranjeros del Premio Casa de las Américas, estamos aquí porque admiramos a Cuba y al pueblo cubano. Y también porque queremos demostrar el aprecio que sentimos y la importancia que atribuimos a esta Casa. A lo largo de sus treintiséis años de existencia la Casa ha descubierto, o contribuido a destacar, el talento de gran número de escritores, artistas plásticos, músicos, teatrólogos. Mencionarlos a todos sería una tarea que me tomaría mucho tiempo, y mencionar sólo a algunos no sería justo. Tampoco me referiré a la totalidad de los que han sido miembros del jurado de literatura que hoy, una vez más, se constituye; baste decir que en esa lista pueden incluirse algunos de los más notables escritores de la literatura universal.

El Premio Casa de las Américas es uno de los más importantes del Continente. Reconocido internacionalmente no por su valor pecuniario, sino por los relevantes objetivos de integración cultural y de intercambio con instituciones e individuos del mundo entero.

La Casa de las Américas tiene una trayectoria luminosa, nació del sueño, del amor, de la tenacidad, de la divina locura de Haydee Santamaría, esa persona sagrada, en palabras de Roberto Fernández Retamar. En un mundo en que la historia es protagonizada predominantemente por los hombres, destaco con gusto la figura de una mujer que representa mejor que nadie el lirismo y la valentía del pueblo cubano. Y la Casa de las Américas, como dijo la escritora Ana Pizarro, ha destacado en todos estos años el papel fundamental de la mujer en la cultura universal, pues aquí actuaron de manera destacada, aquí fueron premiadas y aquí tuvieron una importante tribuna mujeres representantes de la creación y de los estudios literarios de nuestro Continente.

El sueño de Haydee Santamaría no ha terminado y deseamos que no termine nunca. Las dificultades que esta Casa ha enfrentado fueron superadas, siempre, con imaginación y gallardía. La Casa ha mantenido su historia fecunda gracias a la competencia, el altruismo y la dedicación de todos aquellos que han trabajado aquí, a algunos de los cuales conozco desde que visité Cuba por primera vez, como jurado, en 1983, amigas y amigos que hoy vuelvo a ver, con alegría, en esta sala.

Quiero, por último, dar testimonio de mi confianza en el pueblo cubano. Todos sabemos que Cuba enfrenta hoy dificultades económicas y sociales resultantes, en parte, del bloqueo impuesto por los Estados Unidos, repudiado por mi país y por casi todos los países de América y del mundo y condenado por la Asamblea General de las Naciones Unidas. Aun así, estoy seguro –y creo que hablo no sólo en mi nombre, sino también en el de los demás jurados- de que el pueblo y el gobierno de Cuba sabrán encontrar los caminos para la solución de sus problemas. El pueblo cubano merece vivir en paz, próspero y feliz.