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“La elección” es el relato que da inicio a Pequeñas criaturas (2003), el más reciente libro de cuentos de Rubem Fonseca. Hemos tomado la versión al español de la editorial mexicana Cal y Arena.

La elección
Quiero pasear por el terreno que está frente a mi casa, ir hasta el campo donde los niños juegan futbol, asolearme un poco, ver a la gente, a las mujeres, sólo mirar; mi tiempo ya pasó. Pero quiero también comer una chuleta de puerco bien cocida y un sándwich de filete con queso en pan francés tostado y crujiente. Mi hija dice que tengo que elegir, o una cosa o la otra, la mujer del alcalde vive en un lugar, la del gobernador en otro, y las colas son enormes, hay mucha gente y mi hija quiere aprovechar sus vacaciones para conseguir las cosas. Si es necesario, va a ir todos los días a molestar a esos tipos, pero antes tengo que decidir en qué cola debe formarse.
A veces me quedo pensando qué sería de mí si no tuviera a mi hija. Sale muy temprano de casa, pero antes me hace el desayuno y deja lista la comida. Y pensar que una vez le llegué a pegar, la amenacé con correrla de la casa, cuando descubrí aquella cuestión. Yo era muy tonto. Dicen que existe una diferencia entre un tipo tonto y uno ignorante, que el ignorante puede aprender y cambiar, y que el tonto no. Si eso es verdad, cuando me peleé con mi hija no era tonto, sólo ignorante, pues aprendí muchas cosas, acepté a mi hija tal como es. Dios sabe por qué hace a las personas como son, diferentes en algunas cosas, pero iguales en casi todas. El incendio del circo también me ayudó a entender un poco más a mis semejantes.
Es duro tener que escoger entre dos cosas que uno desea mucho. Pero la vida es así, nadie logra todo lo que desea, ni el hombre más rico del mundo, que a veces también tiene que escoger. La ventaja del hombre rico es que es más feliz que el pobre. Mi hija no está de acuerdo conmigo, dice que el dinero no lo hace a uno feliz y que el amor sí. Le digo que un tipo rico también puede amar y ser feliz y ella me responde que el rico sólo piensa en dinero, y que el que es feliz sólo piensa en la persona que ama. Mi hija está enamorada.
Me pasé el día pensando en la elección que debo hacer. Mi hija va a llegar y todavía no sé qué le voy a decir. Nunca me senté en una silla de ruedas, pero ya tuve una dentadura postiza, doble, y me hace muchísima falta. La extraño, se veía tan bonita dentro del vaso de agua donde la ponía en la noche antes de acostarme; la parte rosada brillaba y todos los dientes aparecían limpiecitos a través del agua. Lavaba los dientes por lo menos media hora, todas las noches antes de ponerlos en el vaso; usaba detergente para ropa, del azul, es el mejor para limpiar los dientes. Pero recuerdo también cuando paseaba en las tardes de sábado y domingo con shorts y tenis. Miraba a los muchachos jugando futbol en el campo de porterías sin red, veía a las mujeres, y me iba a tomar una cerveza en la fonda. El conjunto habitacional donde vivo está en un enorme y espacioso terreno plano. Se puede pasear por él en silla de ruedas. Tengo que decidir.
Perdí la dentadura en el incendio del circo, todo el mundo se acuerda del incendio del circo, murió un montón de gente. Fue horrible. Yo no me morí, pero quedé lisiado, y casi no puedo andar con muletas. En un solo día me sucedieron todas esas desgracias. Un tipo que dijo ser abogado se presentó aquí en la casa y me pidió dinero diciéndome que haría que el dueño del circo me pagara lo suficiente para comprar quinientas dentaduras. Debí haberme dado cuenta de que mentía, el dueño del circo desapareció, el abogado desapareció. Mi jubilación por invalidez es muy pequeña, pero afortunadamente tengo a mi hija. Va a llegar en cualquier momento y yo sigo sin decidir lo que quiero: ¿una dentadura nueva o una silla de ruedas? Quién está dando dentaduras es la mujer del alcalde. La mujer del gobernador está dando sillas de ruedas. Las vacaciones de mi hija comienzan hoy y ella me dijo que va a conseguir lo que yo quiera, así tenga que pasarse todas las vacaciones en una de las dos colas. Tengo que decidir en dónde va a luchar por mí.
Un tipo sin dientes como yo tiene que saber comer. Los plátanos son fáciles, ahora me gustan todavía más, los exprimo con las encías antes de tragármelos, se vuelven una pasta, los saboreo mejor. Pan sólo puedo comer si es de caja, mojándolo en el café con leche. Puedo comer pan francés, que me gusta más, mojándolo también en el café con leche, pero sólo de vez en cuando, si lo como todos los días, acabo lastimándome las encías. Me gusta comer sopa y puré de papa. Y puedo comer carne molida bien cocida, pero yo quisiera tener las encías afiladas, como Gumercindo, que dice que come hasta bistec. Pero mis encías son débiles y me duelen cuando mastico algo más duro. Por lo menos una vez al mes sueño con chuletas de puerco fritas.
Mi hija ya llegó, viene con Jaqueline. Ahora Jaqueline me cae bien. Es guapa y más paciente que mi hija, y me trata como si fuera su papá, está sola en el mundo. Ya debía de haber mencionado a Jaqueline, pero tal vez el asunto aún me incomoda un poco.
Las dos me dan un beso en la mejilla.
-Entonces, papá, ¿ya decidiste?
-Dame media hora más.
-Ya es hora. Mañana tengo que salir a pelear por lo que decidas.
Las dos se van a la cocina a preparar la cena. Cenamos los tres. Como puré de calabaza y después galletas Marías remojadas en leche.
-Ya es hora de decidir, papá.
-La silla de ruedas-, le digo.
Tengo la impresión de que las desilusioné un poco. A las mujeres les importa mucho la apariencia y un hombre sin dientes es realmente muy feo.
-Mañana vamos a llegar tempranito a las oficinas de gobierno. Si es necesario, hasta me las arreglo para hablar con la mujer del gobernador.
-Mi hija y su amiga cruzan miradas, sé lo que me van a preguntar.
-Papá, ¿Jaqueline puede venir a vivir con nosotros? Se quedaría en mi cuarto.
-Claro que sí, nos va a alegrar la casa.
-Gracias, papá. Estamos las dos muy contentas. Se abrazan y se besan, creo que en la boca, pero no quiero ver.
-Papá, tenemos una idea. Mientras yo hago la cola para la silla de ruedas, Jaqueline puede ir a la cola de las dentaduras. ¿Qué tal si conseguimos las dos cosas?
-Claro que las vamos a conseguir-, dice Jaqueline, acariciándome la mano.
Las dos están muy contentas. Después me ayudan a acostarme y se van abrazadas a su cuarto.
Me quedo en la cama pensando. La cama es el peor lugar del mundo para quedarse pensando.