A bordo de un cuatrirreactor Ilyushin-62 vendido por Aeroflot a Cubana de Aviación (aún con la marca soviética pintada en el fuselaje) la aeromoza ofrece, en lugar de los tradicionales diarios, un suplemento de 64 páginas sobre la vida del guerrillero Camilo Cienfuegos […]. Estoy en camino a Cuba». Así se inicia el libro que, en 1976, dio a conocer a Fernando Morais más allá de ciertos círculos periodísticos. De hecho, el que lo consagraría dentro y fuera de su país. Con A Ilha: Um repórter brasileiro no país de Fidel Castro (traducido como La isla. Cuba y los cubanos hoy), se consolidaba la carrera del periodista y narrador a quien dedicamos esta Semana.

Desde entonces, Morais ha desarrollado una prolífica carrera en la que combina la investigación meticulosa y el talento del novelista con la vocación por la verdad y la justicia. El lector cubano ha podido comprobarlo en títulos como Olga yLos últimos soldados de la guerra fría, que han circulado ampliamente entre nosotros. Al mismo tiempo, su activismo político y su incansable presencia en medios digitales dan fe de la obra de este intelectual que lo es tanto por su obra como por pertenecer a esa tradición que, desde Émile Zola, se asocia con quienes participan en los debates de la esfera pública.

Poco más de cuarenta años han transcurrido desde aquel primer viaje que le abriera las puertas de la isla a la que Morais ha regresado decenas de veces, algunas de ellas auspiciadas por la Casa de las Américas con motivo de su Premio Literario. Recibirlo una vez más, para compartir con él estas jornadas, es una privilegiada oportunidad de acercarnos a su obra y a la pasión con que la lleva adelante.