Jorge Amado, a propósito de Olga

En los últimos años, pocas obras alcanzaron en Brasil éxito tan estruendoso como esta biografía de Olga Benario Prestes. Periodista renombrado, Fernando Morais se reveló también como un investigador competente y escritor dotado de sensibilidad y talento. Con simplicidad, sabiduría y grandeza, supo recrear un drama profundamente humano de nuestra época. Entre la guerra desencadenada por el nazismo y la miseria de una dictadura latinoamericana (con sus crímenes característicos), Fernando Morais delineó la figura casi legendaria de una mujer que siempre empuñó el estandarte de ideales generosos. Este es un libro que cuenta la vida y la muerte, que habla de la belleza y de la ignominia: un libro verdaderamente inolvidable.

Frei Betto: “Héroes condenados”

Los últimos soldados de la guerra fría, libro de Fernando Morais, editado por la Compañía de las Letras (2011), habría suscitado la envidia de Ian Fleming, autor de 007, si no hubiera muerto en 1964, sobre todo al comprobar que, una vez más, la realidad supera a la ficción.
Supongamos que en la esquina de su calle haya un bar donde se reúnen sospechosos de asaltar las casas del barrio. Como medida preventiva, usted intenta infiltrar un detective entre ellos, a fin de proteger a su familia. La policía, en connivencia con los maleantes, identifica al detective. Y en lugar de apresar a los maleantes, encarcela al infiltrado.
Eso fue lo que sucedió con los cinco cubanos que, monitoreados por los servicios de inteligencia de Cuba, se infiltraron en los grupos anticastristas de la Florida, responsables de 681 atentados terroristas contra Cuba, que causaron 3.478 personas asesinadas, además de daños irreparables a otras 2.099. […]
Los cinco constituían la Red Avispa, que proporcionaba a La Habana informes sobre los terroristas que, por avión o disfrazados de turistas, planificaban atentados contra Cuba, contrabandeaban armas y detonaron explosivos en hoteles de La Habana, causando heridos y muertos. Bush y Obama debieran de agradecer al gobierno cubano por identificar a los terroristas que, impunes, usan el territorio estadounidense para atacar la isla socialista del Caribe. Pero sucede exactamente lo contrario, como revela el libro bien documentado de Fernando Morais. El FBI capturó a los agentes cubanos y continúa haciendo la vista gorda sobre los terroristas que promueven incursiones aéreas clandestinas sobre Cuba y entrenamientos armados en los alrededores de Miami.
En quince capítulos el libro de Morais relata cómo la seguridad cubana prepara a sus agentes; la saga del mercenario salvadoreño que, a sueldo de Miami, puso cinco bombas en hoteles y restaurantes de La Habana; el papel de Gabriel García Márquez, cual paloma mensajera, en el intercambio de correspondencia entre Fidel y Bill Clinton; la visita sigilosa de agentes del FBI a La Habana, y el volumen de pruebas contra la Miami cubana que le fueron ofrecidas por orden de Fidel.
Los últimos soldados de la guerra fría es fruto de exhaustivas investigaciones y entrevistas realizadas por el autor en Cuba, EE.UU. y Brasil. Escrito en un estilo ágil, desprovisto de adjetivaciones y consideraciones ideológicas, el libro comprueba por qué Cuba resiste desde hace más de cincuenta años como único país socialista de Occidente; la Revolución y sus conquistas sociales inyectan en el pueblo un sentido de soberanía que lo induce a preservarlas como gesto de amor.
En un país capitalista, a quien, gracias a la lotería biológica, nació en una familia y una clase social inmunes a la miseria y a la pobreza, le es difícil de entender por qué los cubanos no se rebelan contra las autoridades que los gobiernan. Pero cuando se vive en un país bloqueado desde hace medio siglo por la mayor potencia militar, económica e ideológica de la historia, de la cual distan apenas 140 km, es motivo de orgullo resistir por tanto tiempo e incluso merecer elogios del Papa Juan Pablo II en su visita del año 1998.
En más de cien países –inclusive en el Brasil– hay médicos y maestros cubanos en servicios solidarios en lugares remotos. El número de desertores es ínfimo, considerada la cantidad de profesionales que, terminado el plazo de su trabajo, regresan a Cuba. Y la Revolución, como sucede ahora con el gobierno de Raúl Castro, se ha actualizado para no perecer.
Tal vez este outdoor encontrado en las proximidades del aeropuerto de La Habana, y citado con frecuencia por Fernando Morais, ayude a entender la conciencia cívica de un pueblo que luchó para dejar de ser colonia, primero, de España y luego de los Estados Unidos: “Esta noche 200 millones de niños dormirán en las calles del mundo. Ninguno de ellos es cubano”.

Ricardo Alarcón: “Un libro indispensable”

El capitán Dreyfus estaría aún sepultado en la ignominia, Sacco y Vanzetti jamás habrían sido, aunque tardíamente, reivindicados, si Émile Zola y Félix Frankfurter no hubieran sabido asumir su responsabilidad ética e intelectual. Eso es justamente lo que ha hecho mi querido y admirado amigo Fernando Morais [al escribir Los últimos soldados de la Guerra Fría].
A Fernando no le hacía falta publicar este libro para promover o consolidar su bien ganada reputación como uno de los mayores escritores de nuestro tiempo. Sus obras, reproducidas en incontables ediciones, se leen en todo el mundo y prácticamente en todos los idiomas. Por su innegable maestría ha penetrado a través de los grandes circuitos de la llamada industria cultural, incluyendo el cine, sin haber jamás renunciado a sus convicciones ni a su condición de artista independiente ni a su lucidez e integridad intelectual. […]
Fernando hizo lo que pocos han hecho. Se batió con las decenas de miles de páginas del caso más largo de la historia norteamericana, buscó y habló con quienes tuvieron relación con el proceso en Cuba y en Estados Unidos, hurgó en archivos y bibliotecas y sobre todo, se empeñó por descubrir, más allá de los papeles, quiénes eran las personas involucradas, los seres humanos protagonistas de una historia real que a veces desafía la imaginación.
El resultado no es una explicación jurídica de este prolongado y complicado proceso. Tampoco es un alegato probatorio de la ilegalidad cometida contra los Cinco ni una descripción detallada de sus vidas o de la lucha que ellos libraron para salvar a su pueblo y a otros del terrorismo. Sin dejar de tratar estos aspectos importantes, a ello no se contrae el libro que también ofrece en diestras pinceladas el contexto de lo que sucedía en Cuba y en Estados Unidos, y las tensiones públicas y privadas entre ambos países, mientras se desarrollaba la saga de estos hombres.
El libro se propone una meta superior imposible para quien no posea el genio de un artista verdadero. Sin ser la biografía de ninguno de ellos, sin embargo, nos acerca a los héroes y los muestra como los seres de cuerpo y alma que son. Al asomarnos así a su humanidad concreta nos revela la dimensión exacta de su heroísmo, un heroísmo, sin embargo, nada distante del lector. […]
Algún día triunfará la justicia. Pero no será solo por lo que ocurra en una Corte federal. Gerardo lo predijo hace años. Será un jurado de millones quien les devuelva la libertad. El libro que hoy presentamos es una muy valiosa contribución al empeño duro y difícil para crear ese jurado.