Veo mi aprendizaje literario con Paul Bowles “como una gran suerte, como si de verdad existiera un destino. No imagino otra senda mejor para la persona que yo era que la amistad con alguien como Bowles. Aunque trato de no pensar en esos términos, me siento agradecido a no sé quién. No sé a quién agradecerle el encuentro fortuito, el momento. Claro que no hay recetas tampoco ahí, puede ser nefasta una relación cercana y de amistad entre un gran artista y un principiante, puede ser horrible. Yo me considero afortunado, agradecido con el destino, con mi suerte.”

“Bolaño fue una de las personas más generosas que he conocido. De su obra, creo que es su estilo lo que lo hace inigualable –pienso en él (el estilo) como una máquina de digerir ‘realidades’.”

“Bolaño es un escritor gigante comparado conmigo, pero el horror es parecido. Como los dos estamos hablando de una región en particular, creo que es inevitable que haya ecos o similitudes. Si dos fotógrafos apuntan a un área, aunque sean muy distintos en su sensibilidad y su técnica, algo habrá de similitud.”

“La lista [de escritores que me gustan] es muy, muy larga. Pero no diría que utilice a ninguno como referencia. Como decía ya en otra respuesta. Borges, Bioy, Bowles, Norman Lewis –agregaría, al azar: Greene, Conrad, Henry James, Arguedas, Rulfo...”

“Hay quien divide a los escritores en dos: los que tratan de explicar algo y los que tratan de explicarse algo. Yo soy de la segunda clase. No sé más que el lector al que estoy hablando. Escarbo mientras escribo.”

“Me prohíbo saber de la historia más de lo que va surgiendo mientras la escribo. Nunca hago un bosquejo previo, sobre la marcha me doy cuenta de lo que necesita la novela. Supongo que eso me pone en el lugar del lector.”

“Si vives siempre en el mismo lugar tiendes a caer en los esquemas heredados. Pero no quiero engañarme, habría que ver cómo se lee eso desde el punto de vista de ellos. Tampoco he hecho nada especial, pero solo el hecho de querer comprender al otro ya es parte de la comprensión. En Guatemala se vive una especie de apartheid sin leyes.”

“Haber vivido tanto tiempo fuera me permitió vivir todo eso con cierta no diría objetividad, pero sí subjetividad controlada. Me interesaron los otros.”

“Uno no puede abstraerse de su propia clase y al final es una cuestión de empatía y simpatía. La escritura de ficción permite ponerse en la piel de otro y cambiar la percepción que se tiene de él. Sobre todo permite evitar esa idealización que lo convierte en algo casi sagrado. Para bien o para mal.”

“Como problema literario me interesa más la moral que la política. Mi manera de escribir es la de alguien que no entiende el mundo y trata de comprenderlo mediante la literatura.”

Leonardo “Sciascia, al que empecé a leer tarde, me ha servido de guía de cómo cierta novela policiaca puede ser un instrumento de crítica del poder, de un poder anárquico como el de la mafia. Sin aparente intención, la obra de Chandler es una crítica muy fuerte a la clase adinerada de Los Ángeles de su tiempo, a la que pinta como la más sospechosa y criminal. En Sciascia todo es más consciente, su obra es el reflejo de cómo funciona un sistema de justicia donde nunca se resuelven los crímenes porque antes matan al juez. En Inglaterra o en Estados Unidos se llega al fin; en Sicilia y en Latinoamérica los crímenes no se resuelven en el 98% de los casos. Basta con mirar los periódicos. Eso imposibilita el policiaco y da lugar a un género distinto. Por eso en una novela el final abierto es incluso naturalista.”

“No creo que la literatura tenga grandes efectos, pero sí puede desatar una reflexión. Un trabajo de ficción serio puede ser un instrumento de conocimiento, no sociológico ni etnológico, simplemente humano. El hecho de tratar de explicarse las cosas ya afecta. No soy optimista y no quiero decir que sea algo bueno, pero sí que la actitud de querer entender cambia la percepción de la realidad. Sobre todo desde el punto de vista de los que somos parte del sistema queramos o no, los que estamos bien, los que vivimos… Quien más quien menos, ahí estamos todos y somos una minoría: yo, los lectores de mis libros… a ellos sí que puedo incomodarles un poco. Eso es lo único que puedo hacer. Sugerir cierta autocrítica. En estos ejercicios narrativos míos hay una especie de autocrítica como clase.”

“Pertenezco a una clase bastante desagradable. Supongo que lo que marca la diferencia es decir: pertenezco a ella, pero no me siento cómodo.”

“En Guatemala casi nadie lee. El aparato represor sabe que un libro no hace nada. Tal vez si alguien se siente identificado —un narco, por ejemplo—, pero no como sistema. Yo no me lo tomo como un riesgo personal. Por la actitud general de uno, tal vez sí… Cuando trabajaba en El material humano sí pasé miedo, pero tengo amigos periodistas que se meten más en temas arriesgados. A un novelista nadie lo toma en serio, somos apenas una pequeña molestia.”

“No sé por qué sigo en Guatemala. A veces pienso que es porque hay tanto material… Casos que oyes y que parecen ficción. En estos países de anarquía y de contraste entre gran riqueza y pobreza extrema cabe cualquier relación humana. No hay que armar mucho el relato, sirve con recordar, vale casi con aplicar la escritura automática.”

“Guatemala es un país maya. No hay que olvidar que la mitad de la población habla lenguajes que no son el español, hay veintidós idiomas mayas. Si vas a hacer un cuadro realista de Guatemala y no los incluyes, será un cuadro incompleto. Pero mi presupuesto inicial no era poner a los mayas ahí [en la novela Los sordos]. Lo que me había propuesto era presentar una fotografía de Guatemala en el momento mismo en que estaba escribiendo y a partir de ahí ver qué pasaba […]. Pero en la trama entró el problema de un crimen cometido en territorio maya y ahí tuve que dejar de escribir casi un mes para averiguar cómo funciona la legislación maya en territorios donde la constitución de Guatemala dice que puede actuar esa jurisprudencia. No suelo investigar, escribo sobre lo que conozco. En este caso me tocó conocer aquello que está a mi lado y que casi ningún guatemalteco no maya conoce.”

“Muchos no saben ni que soy escritor. Un guatemalteco de clase media-alta no lee al año más de un libro.”
Estas opiniones pertenecen a entrevistas ofrecidas a Javier Mattio, Javier Rodríguez Marcos, Israel Punzano Sierra y al foro Ciclo Babelia de El País. Pueden consultarse en: http://www.lavoz.com.ar/ciudad-equis/rodrigo-rey-rosa-lo-magnifico-y-terrible-es-que-no-hay-reglas, http://cultura.elpais.com/cultura/2012/09/12/actualidad/1347446988_369177.html, http://elpais.com/diario/2006/05/13/cultura/1147471208_850215.html y http://cultura.elpais.com/cultura/2009/07/08/actualidad/1247068800_1247074278.html