La Casa a Todo Tango

Por Marianela González Lavandero

Entre el 12 y el 14 de octubre, la Casa de las Américas volverá a llenar sus espacios de tango, en los más diversos modos de apropiación artística. Todo Tango es la consecuencia de una pasión que desde hace décadas ha hecho converger aquí a músicos, bailarines, estudiosos y amantes del género, de todas partes del mundo.

El diccionario me devuelve una extraña acepción: una “milonga” puede ser sinónimo de “embuste”, de “mentira”. ¡No me vengas con milongas!… quizá tenga su explicación, pero a primera vista no podría ser más contradictoria esta definición, tratándose de un término que identifica también a una de las expresiones culturales más genuinas, de más sólido arraigo popular y aval artístico de las muchas que ha acunado este continente.

Como género musical rioplatense, se dice que los orígenes de la milonga pueden buscarse en el Candombe y la Habanera. Y desde el punto de vista cultural, en la gauchesca y sus interconexiones con la afroamericana. Su nacimiento ha sido muy discutido, aunque se sabe que contiene elementos “afro” en su constitución rítmica e influencias de danzas criollas y europeas llegadas a Buenos Aires y Montevideo, principalmente a través de Perú, España, Brasil y Cuba. Aunque esté emparentado con el tango, se les atribuyen varias diferencias: sobre todo, en las letras, mucho más melancólicas en el tango que en la milonga, más suspicaces y alegres. No obstante, es su condición de ritual danzario, como espacio donde se baila tango a toda hora, lo que ha trascendido como acepción primera de la “milonga”. Al menos, la más seductora.

Cuando el próximo viernes, a las ocho de la noche, el Patio de la Casa de las Américas reciba a los tangueros para cerrar con música y bailes –con una milonga organizada por Emma Barreras– lo que habrán sido tres jornadas a Todo Tango, estas disquisiciones teóricas quizá cuenten poco. El concierto que ofrecerá la agrupación danzaria Neo Tango en el Teatro Mella, con la participación del guitarrista argentino Víctor Pellegrini (miércoles 12, ocho de la noche), la presentación especial de los cantautores cubanos Liuba María Hevia y Santiago Feliú en el espacio Sonidos del Tango, en la Sala Che Guevara de la Casa (jueves 13, siete de la noche) y la muestra audiovisual El tango en la pantalla (el propio viernes 14, entre las tres y las seis de la tarde, en las salas Manuel Galich y Contemporánea, de la institución), habrán aclarado los conceptos de la mejor forma posible: la apropiación vital de la riqueza y de la filosofía de un género/espacio musical que ya es actitud, código de relación interpersonal y social de una cultura suramericana. Desde hace décadas, una fiebre contagiada de un pueblo a otro, desde lo más profundo de los arrabales porteños.

En la Casa, no será esta la primera vez que el tango ocupe días y noches. En marzo de 1984, convergieron aquí amantes y cultivadores de América Latina, en una gran fiesta que se llamó Ayer y hoy el Tango. Durante una semana, los antecedentes del género y sus vías de renovación en aquel momento fueron debatidos en seminarios teóricos en la Casa y compartidos en conciertos, noche tras noche, en la sala Avellaneda del Teatro Nacional. Estuvieron, entre otros, el sociólogo mexicano Gastón Martínez Matiella y el poeta Héctor Negro; el maestro Osvaldo Pugliese, la actriz Mirtha Legrand, el cineasta Daniel Tinayre y los músicos Eladia Blázquez, Osvaldo Avena, Sebastián Pina y Nelly Vázquez.

Durante esos días, toda Suramérica supo de aquella fiesta, donde se celebraba más que un género: se celebraba un fenómeno cultural de gran complejidad, de los pocos en el mundo que identifican a una ciudad en particular. La extraordinaria repercusión que tuvo Ayer y hoy el Tango entre el público cubano y sus resonancias fuera de la Isla, propiciaron que el diario Granma publicara un texto del entonces recién fallecido Julio Cortázar, sobre Carlos Gardel.

Cuatro años más tarde, la Casa de las Américas acogió las sesiones teóricas del Primer Congreso Mundial Gardeliano, al que asistió –entre otros reconocidos intérpretes e investigadores de Argentina, Colombia, Alemania, México, Puerto Rico, Venezuela, Chile, Uruguay y Cuba-, el maestro Osvaldo Pugliese. En los últimos días de aquel homenaje al Astro del Tango, a 53 años de su fallecimiento, el Teatro Karl Marx de La Habana fue sede de la gala Ayer, hoy y siempre el tango, donde Pugliese se hizo acompañar del bandoneonista Rodolfo Mederos. Interpretaron allí “Milonga para Fidel”, una composición de 1961, con versos recitados por Ramón Fraga.

Y en 1993, la Casa fue sede del Encuentro con el tango: homenaje a Astor Piazzolla, al primer aniversario de su muerte. Del mismo modo que se le cantó al Zorzal Criollo, el autor de “Sinfonía de Buenos Aires” tuvo también aquí su milonga. Contra quienes optaron “por negar la tanguidad de sus tangos”, el escritor Héctor Negro leyó entonces su “Ponencia poética ´Astor Piazzolla”, de 1992. En aquella ocasión, el presidente de la Casa de las Américas, el poeta y ensayista Roberto Fernández Retamar, explicó que para los cubanos el tango no era “solo una manifestación cultural, sino una parte importante de nuestras vidas”.

Casi veinte años después, sus vibraciones –Gardel, Hugo del Carril, Libertad Lamarque, Pugliese, Susana Rinaldi, Eladia Blásquez, Troilo, Manzi, Piazzolla…, como una resurrección múltiple- volverán a conmocionar las paredes de la Casa con su sensualidad exquisita, su energía y su verdad.